jueves, 26 de marzo de 2009

Necesitamos espacios libres


Estas primeras semanas del ciclo lectivo nos ponen en contacto a estudiantes y docentes, y comienzan a desarrollarse nuestros encuentros educativos en espacios institucionales que ni unos ni otros hemos decidido previamente usar. "¿Qué salón me toca este año?", suele ser una pregunta que pronunciamos el primer día de clase. Por lo menos en las instituciones educativas donde existen varios lugares destinados a las clases. Somos conscientes que hay muchos establecimientos educativos en nuestra Argentina que sólo disponen de un sólo espacio para "dar clase".

Llegados al salón "que nos toca", lo encontramos ya "organizado" por alguien que habitualmente no realizará sus tareas en ese lugar: el preceptor o el personal de maestranza, que con tanto esfuerzo deben mantener toda la escuela en condiciones. ¿Cuál es el criterio predominante en esa organización previa del espacio de aprendizaje? Por lo general el "siempre se hizo así", que consiste en mantener la forma precedente de distribución espacial del mobiliario, que en la mayoría de los casos consiste en filas y columnas, que respetando un "eje cartesiano", cuadriculizan las aulas obteniendo "una buena relación rostro - nuca entre los estudiantes" y una "relación de seguimiento entre los que aprenden y los que enseñan".

Es cierto que paulatinamente se van introduciendo variantes a esta distribución espacial, y que esas variantes dependen de manera significativa de variables estructurales que escapan muchas veces a decisiones institucionales (por ejemplo disponibilidad de suficiente espacio, mobiliario adecuado, etc.). Pero no queremos detenernos hoy en esas enriquecedoras variantes.

Nuestra reflexión sólo quiere llamar la atención del lector sobre esa "forma modernista" de distribución espacial, porque es desde allí - en gran parte - desde donde comenzamos a acostumbrar a nuestras nuevas generaciones para que durante casi toda la vida, vean en esa "forma de participación" la manera corriente de ser parte con otros de diversos eventos vitales.

Si he sido claro hasta aquí, los invito a salir de las escuelas y comenzar a trasladarse con la imaginación a otros lugares de encuentros:

1) Una charla o conferencia o panel, por lo general replica la distribución espacial del "aula moderna".

2) El mobiliario existente en los templos religiosos - la mayoría de ellos, por lo menos - replica la distribución espacial del "aula moderna".

3) Los recitales y eventos culturales donde se presentan distintas manifestaciones musicales, replican (aún cuando el asistente permanezca de pie y saltando frente al intérprete) la distribución espacial del "aula moderna".

4) Las reuniones de personal en empresas - sobre todo si se reúne a todo el personal - o en establecimientos educativos, replican la distribución espacial del "aula moderna".

5) Los parlamentos y poderes legislativos ( con leves variantes ) replican la distribución espacial del "aula moderna"...

Y cada uno de nosotros puede seguir agregando ejemplos...

Al respecto muchos son los autores que nos ayudan a pensar en nuevas distribuciones espaciales para los encuentros educativos, que favorezcan que los rostros de los participantes -todos ellos - puedan mirarse a los ojos y establecer vínculos educativos significativos.

Hoy, desde esta entrada nos hacemos algunas preguntas, que compartimos sobre la distribución espacial en nuestras instituciones educativas:

¿cuáles son los criterios que llevan a decidir qué grado o año va en tal lugar de la escuela?

¿qué criterios se privilegian al momento de organizar el mobiliario en los salones?

¿cuáles son las mejores formas de distribución espacial para favorecer la formación integral?

¿por cuánto tiempo es conveniente mantener la misma distribución espacial en el aula?

¿cuáles son las razones que nos llevan a realizar cambios en el uso de los espacios en el aula?

Si quieres puedes agregar otras preguntas en este sentido, que nos ayuden a mejorar los espacios institucionales.

Pero en todo caso pensamos que las preguntas anteriores están todas dirigidas a pensar el espacio desde lo exterior, lo que podríamos llamar la exteriorización del espacio de aprendizaje. Lo que sigue siendo fundamental es la organización del "espacio interior", "la interiorización del espacio de aprendizaje",al que se puede pensar desde las siguientes preguntas:

¿qué lugar ocupa mi corazón en el salón? y ¿qué lugar ocupa el corazón de los otros en mí?.

Tal vez algo de eso invitaba a pensar Don Bosco, que algo de educación sabía - al afirmar algo que mi memoria registró como que "toda educación es una cuestión de corazón"; disculpen los salesianos si la frase no es textual, pero estimo ser fiel a la idea de este maestro de generaciones modernas que supieron escapar al espíritu del modernismo. Él, como tantos educadores de todos los tiempos, se dió cuenta que no se puede ayudar a crecer al otro cortándole el paso o el acceso a aquello que es un bien común.

Por lo demás es este un buen tiempo para "hacer espacio en nuestro corazón", para la búsqueda de la libertad interior, para despojarnos de todo aquello que se convierte en un obstáculo para ver el rostro de los otros y del Otro.