domingo, 7 de junio de 2009

"..que te mande un novio..."


Fernando de Bulloes y Taveira de Azevedo, es el nombre de un educador del que se habla poco y en pocas aulas de nuestra ciudad de Azul. Seguramente se habla más de él en muchos hogares de nuestra ciudad. Aunque tal vez se hace referencia a su persona de forma asidua en los medios radiales; claro que no por su condición de educador. Las personas que gustan de escuchar esas audiciones radiales en las que con un poco de nostalgia se evoca la música de décadas del siglo pasado, de vez en cuando suelen solicitar un tema que tenía un estribillo que decía: "Pedile a San Antonio que te mande un novio...". Creo que lo interpretaba un grupo que se llamaba "Katunga". Tal vez alguno que visite el blog nos lo pueda confirmar. El asunto es que, este tal San Antonio, es aquel referido Fernando con el que iniciamos esta entrada.

Como era habitual en aquellos tiempos en los que vivió (1195 - 1231), cuando algún joven consagraba su vida al servicio de Dios y de los hombres, como un signo más de su entrega tomaba un nuevo nombre.Fernando tomó el nombre de Antonio al ingresar a la Orden de los Frailes Menores (mas conocida como los Franciscanos) hacia el año 1221.

En nuestra ciudad existe un templo que está consagrado a su patronazgo y junto a él la sede de la comunidad educativa del "Colegio Sagrada Familia" (foto que ilustra la entrada) que brinda servicios desde el nivel inicial al secundario. Ya vendrán generaciones que la harán crecer seguramente para que comience a brindar servicios en otros niveles de la educación.

¿Por qué traer desde aquellos tiempos a los nuestros la figura de un fraile como modelo de educador? Razones podemos dar muchas. Algunas eminentementes personales: debo mi formación parroquial durante la niñez y adolescencia a los frailes franciscanos, quienes me hicieron conocer y amar su obra universal. Pero si debemos compartir con ustedes razones que los lleven a pensar a Antonio de Padua como un modelo de educador me atrevo a señalar las siguientes:

1. Antonio contó con la gracia de una familia que se ocupó de procurarle una buena educación, sin facilitarle todos los medios. Lo pusieron en el camino del esfuerzo personal en el seno de una comunidad.

2. Hacia los diecisiete años, cuando ya estaba estudiando con los agustinos, pidió un traslado a Coimbra, - por entonces capital de Portugal - porque como vivía rodeado de sus amigos, - sabía brindarse en amistad - no podía estudiar debidamente. Es decir, se fue forjando como buen enseñante esforzándose en aprender. Aprendió en la juventud a posponer unos bienes inmediatos por alcanzar bienes mayores mediatos.

3. Como joven simpático, inteligente, hijo de familia noble, no le faltaron ocasiones para dar rienda suelta a la sensualidad que explota en los años juveniles. Pues la supo encauzar visitando asiduamente a Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar y encomendándose a la protección de la Virgen María. Direccionó sus energías juveniles por el camino del autoconocimiento y el autodominio, para poder donarse integramente en el servicio a los demás. Se forjó integralmente atendiendo a su naturaleza y aceptando la vía sobrenatural de la gracia.

4. No quiso quedarse en su lugar, decidió salir al encuentro de quienes más lo necesitaban. En ese entonces pide lo lleven a Marruecos. Era algo así como elegir el lugar mas peligroso. No pidió una beca para la mejor universidad, siendo que era un estudiante brillante; eligió - diríamos hoy entre nosotros - una escuelita de frontera, un barrio periférico, un morro, una villa, una fabela. Y no le fue nada bien, contrajo hidropesía, que lo postró e incapacitó por varios meses. Pero la enfermedad lo fortaleció. Como buen educador supo esperar el tiempo necesario; el fracaso momentáneo no lo venció; siempre mantuvo la vista levantada hacia horizontes de esperanza.

5. Lo anterior motivó que debiera regresar; a vivir en una cueva en la ermita de San Paolo, cerca de Forli en Italia, donde educaba sobre todo limpiando los platos y los cacharros de los demás frailes a los que tenía que servir. Aunque nada hacía suponer que sería llamado a enseñar, el seguía estudiando. Jamás peleó por un puesto, siempre estuvo allí a la espera del llamado oportuno. Dedicándose a servir.

6. Cuando por las circunstancias que narran sus biógrafos su fama y su capacidad se extendió, no perdió oportunidad para ayudar a crecer a todos los de su comunidad: desde los nobles a los más pobres y menestorosos; desde los mas libres a los privados de la libertad. Y es famosa la ocasión de cuando en Rímini, los poderosos impedían que el pueblo asistiera a sus sermones y debió acudir a la orilla del mar porque ya nada ni nadie podía evitar su camino de enseñante de la paz y el bien, de la verdad y el amor.

7. Fue denunciante y militante combativo contra el vicio de la usura, que en su época - como hoy - hacía que unos pocos banqueros se quedaran con los beneficios y el esfuerzo de los mas pobres. Con esto queremos señalar que fue una persona comprometida en buscar las soluciones a los problemas de su época. Aunque no en todas sus luchas obtuvo el éxito - así, por ejemplo sus gestiones a favor de unos presos políticos ante el duque de Eccelino fueron infructuosas - su actitud fue de fuerte compromiso por las causas de los mas desposeídos.

A nuestra ciudad de Azul su fama ha llegado de la mano de tantas familias de inmigrantes italianos que durante los siglos XIX y XX llegaron a nuestras tierras. A mas de setecientos años de su paso por este mundo sigue siendo un modelo de educador cuya vigencia se asienta en las virtudes perennes de quien practica lo que enseña y vive de acuerdo con lo que cree.
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