domingo, 23 de noviembre de 2008

Con las manos en la masa


Nuestras escuelas se ven estos días atravesadas por las contradictorias sensaciones que producen los cierres de los ciclos lectivos. Los que enseñamos y aprendemos nos encontramos con la mirada puesta en lo que hasta hace unos meses se configuraba como el horizonte de un proyecto anual.
Una vez mas los tiempos administrativos prescriptos imponen su voluntad sobre los procesos de aprendizaje y producen un corte que, será natural y adecuado para algunos y artificial y forzado para otros. En las escuelas siempre hay quienes podrían ya estar descansando por haber logrado lo que se proponía en este ciclo lectivo, y hay quienes ven con cierta angustia que el tiempo que resta no es el suficiente para alcanzar aquello que se estima necesario.
Para el que enseña sucede lo mismo. Para el que gestiona y conduce las instituciones educativas, también. Todos nos enfrentamos ante el desafío de la evaluación de un ciclo lectivo que se constituye, a la vez, en la preparación de un nuevo ciclo.
Es una etapa compleja cuyo análisis no agotaremos, por cierto en la presente entrada, pero que nos motiva algunas reflexiones para ayudar a pensar la educación. La primera reflexión tiene que ver precisamente con esto. ¿Cómo lograr que el cierre de un ciclo lectivo nos abra las puertas del siguiente, manteniéndonos en una mirada esperanzadora con relación a lo por venir? Estimamos que esto se logra mejor si la vida institucional va unida a las costumbres del pueblo en las que está encarnada. Así por ejemplo, nos encontramos que, mientras las comunidades se preparan para las actividades propias de fin de año y que tienen que ver con las mas profundas tradiciones religiosas de los pueblos, unidas al cierre del calendario civil; existe una tendencia en las instituciones educativas cada vez mas fuerte a extender las actividades educativas con exigencias propias de los tiempos de inicio. Entonces se producen colisiones entre los tiempos administrativos, y los tiempos pedagógicos, entre los tiempos institucionales y los tiempos propios de las subjetividades de las personas de la institución, que no raras veces, terminan en conflictos o en mal humores que, para las escuelas, suelen ser el inicio de situaciones conflictivas de mayor alcance. Tal vez suceda lo mismo en otras instituciones sociales.
A veces, los docentes por nuestra parte, comenzamos a exigir sobre los que aprenden respuestas tendientes a “recuperar” en un corto plazo de fin de año, todo aquello que no se pudo alcanzar en el resto del año. Así centramos nuestra atención sobre algunos y desatendemos a otros pues, consideramos, este “ya está”, lo que a veces – repito, a veces – conlleva a situaciones despersonalizantes que estarán en la raíz de procesos de aprendizaje conflictivos en el futuro.
En definitiva, para ir cerrando este breve comentario, existe, a mi juicio, una tendencia cada vez mas marcada a homogeneizar los tiempos escolares a un proceso de mundialización que promueve prácticas despersonalizantes. Para graficar, pues no nos es posible en este espacio fundamentar con mayor argumentación esta afirmación, así como en el futbol los calendarios de las asociaciones deportivas de ésta parte del mundo se han unido paulatinamente a los tiempos impuestos por los países mas desarrollados (entonces nosotros cuando termina el año definimos el torneo “Apertura”), existe una tendencia semejante en los tiempos escolares a homogeneizarlos con relación a los tiempos de los centros de poder. Así los que otrora eran entre nosotros tiempos de reflexión espiritual, descanso para las familias, tiempo de diversión y de vacaciones, se van paulatinamente sumando a la vorágine de los tiempos regidos por los centros que impulsan una sociedad de consumo despersonalizante. Y por el contrario, aquellos tiempos que, entre nosotros son mas propicios para el estudio, el trabajo, están siendo paulatinamente ocupados por actividades que promueven “el tiempo libre” (eufemismo utilizado las mas de las veces para vendernos algo) o, lo que es peor – des-ocupados, produciendo el mismo efecto despersonalizante que favorece los procesos de manipulación.
Pensamos que aquellas instituciones que logran “amasar” tiempos institucionales que tiene el sabor propio de las comunidades en las que viven, aquellas que son capaces de salar a gusto de esas comunidades, seguramente logran procesos de cierre de los ciclos lectivos que, a la vez, abren las puertas del próximo año con la esperanza de ser una escuela mejor.

Pensamos que en Azul hay muchas escuelas que lo logran, y eso se nota cuando los niños, adolescentes y jóvenes, y los demás miembros de la comunidad, te dicen en febrero: "¿Cuando comienzan las clases? ¡Estuvo bueno el año pasado! Se acuerda cuando..."...