sábado, 8 de noviembre de 2008

Homenaje a los Trapenses





Enseguida el Espíritu lo llevó al desierto, donde estuvo cuarenta días y fue tentado por Satanás...”
(Mc. 1,12-13)

Quienes han estado en el desierto han vivido la importancia de los oasis. La pampa bonaerense también fue llamada “el desierto”, por quienes la habitaron antes que nosotros. Hoy muchos hombres y mujeres peregrinan por los desiertos, muchos de ellos naturales, otros producidos por la ambición y el egoísmo.
Se puede tomar la decisión de “ir al desierto”. En todas las épocas encontramos personas que buscan el desierto, y buscan en el desierto. ¿Acaso toda gran obra no comienza en algún tipo de desierto?
Otras veces sucede que “se es llevado” al desierto. Otro, otros o Aquel que es El Totalmente Otro, nos pueden llevar al desierto. Las tres experiencias son distintas. Los desiertos, también.
Hasta se puede intencionalmente “desertificar”. Y entonces el desierto deja de ser un lugar vital. Aunque nunca totalmente.
En nuestra parroquia existe un lugar especial. Allí, en la zona rural. Tras la Boca de la Sierra, se levantó un Monasterio, con el esfuerzo de hombres consagrados a Dios, con la oración, el trabajo, el estudio.
El silencio de la pampa cobijó a los hombres hacedores de silencio, para que Dios se manifieste a un mundo neopagano. Entre ellos también hay un hombre de Nuestra Parroquia. Ellos son Nuestra Parroquia.
No tengo presente el momento que fui llevado por primera vez. Fue en mi niñez y en viaje familiar. Sí tengo muy presente cuando fuimos allá por el año 1970, como parte de los grupos que hacíamos nuestra Primera Comunión, celebrábamos nuestro primer encuentro con Jesús Eucaristía.
Silencio. Paz. Misterio. Gracia. Perdón. Trabajo. Estudio. Oración. No más. Porque lo demás está de más. ¿Para qué más?
Lugar que invita a volver, porque desde allí se vuelve nuevo. El Todo nos sostiene en el ser desde lo Alto, desde lo Profundo. Cuando los hombres y mujeres de nuestro tiempo ven abrirse ante sí el abismo, encuentran tras la sierra el oasis. Cuando la gratitud desea expresarse en la intimidad de la oración, en el lugar sagrado ubicado en las tierras originarias, el fecundo silencio se hace pesebre para que nazca en nuestros corazones la acción de gracias. Cuando el dolor quiebra, el amor restaura.
Éste es, a mi juicio, uno de esos lugares de los muchos que hay en Nuestra Parroquia, para los cuales las palabras son tan escasas... apenas si alcanzan para invitar a llegarse hasta allí. Y aunque es Él quien siempre toma la iniciativa, amándonos primero, no podemos dejar de hacer extensiva la invitación, o recordarla a nuestros lectores.
Es este un buen lugar para comenzar a descubrir otros lugares vitales.
Quiera el Espíritu llevarnos por El Camino para recorrerlos y encontrar EL LUGAR....





(La presente entrada es un fragmento de "Lugares vitales", una serie de breves reflexiones escritas en ocasión de celebrarse los 50 años de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen de Azul. Con la intención de publicarse, nunca alcanzaron el formato libro, por ahora...)