viernes, 2 de abril de 2010

Noches de Vigilia

El rocío bañaba el verde cesped circundante al Monumento al Almirante Brown. Sobre las aguas del Callvú Leovú, el vapor de la humedad jugaba con los rayos de luz que se desprendían de las luminarias queriendo acariciar la superficie. El monte que se levanta a la margen no es de Olivos, pero un aire a traición, cobardías, delaciones, y entrega generosa a la voluntad del Padre, podía respirarse mientras la luna comenzaba a menguar en el oscuro cielo otoñal.
En los templos cristianos de la ciudad, ya habían finalizado las ceremonias litúrgicas que abren las puertas del Triduo Pascual, y en aquellos que otros tiempos nos cobijaran en vigilia de oración durante toda la noche, se anunciaba que se cerrarían las puertas a medianoche.
Como resistiendo a las voluntades litúrgicas, una porción del pueblo azuleño, acompañando a otra gran porción del pueblo argentino, se aprestaba a realizar otra Vigilia: la que realizan los ex combatientes de Malvinas en cada rincón de nuestro suelo donde se mantiene viva la llama de las causas nobles.
El más pequeño de la clase, Luis,(1) aquel que en la fila siempre debió ocupar el primer lugar desde el primero a septimo grado de la Escuela Nª 18, escuchaba con los ojos hundidos en el corazón de la bruma malvinera, como la Banda Combate de Pedriel, llamaba a silencio. Sólo él, y el resto de ex combatientes que formaban en las primeras horas de este Viernes de la Pasión del Señor, 2 de Abril, "el admirado por impar entre los dias", - al decir del poeta - podía dar a la noche la dimensión que ella alcanza en la historia de nuestra argentina. 
Los funcionarios esperaron al abrigo de la Confitería Cacique Catriel, a que llegara el momento de asomarse a la vereda del recinto. Adentro estaba calentito. Parecía que mucho no había cambiado, en algún sentido, con relación al 2 de Abril de 1982 y sus días inmediatos siguientes. También entonces, los combatientes estaban en la bruma fría y los funcionarios tomaban decisiones en despachos calentitos.
Luis, el mas pequeño de la clase, se adelantó para descorrer el velo que ocultaba la réplica del cementerio de Malvinas, y en el gesto del Presidente del Centro de Veteranos, se realizaba una acción educativa típica: la mostración. "¡He aquí los que esperan de nosotros vivamos con dignidad nuestra propia historia!", parecían resonar en el aire los gritos que las campañas desmalvinizadoras siguen intentando acallar.
Un espontáneo aplauso brotó de los presentes. Pocos para tanta sangre derramada.
Bueno, en realidad las grandes gestas siempre fueron obras de pocos.
También a Getsemaní fueron pocos. Y se durmieron. Como nosotros. Pero Él se nos sigue adelantando y a los que lo vienen a buscar les pregunta: "¿A quien buscan?".
Luis, el mas pequeño de la clase, esta vez no leyó. Esta vez dijo que venía a decirnos lo que le dictaba su corazón; ese corazón con el que hablaba en la mesa con su familia sobre la causa de Malvinas. Y en el recuerdo de los caídos en Malvinas, y al recordarnos que para los ex combatientes han sido mas dificiles los días posteriores a la guerra, que los días de la guerra misma, nos sigue reclamando a todos que seamos capaces de vivir hasta el último día de nuestra existencia, como dignos herederos de todos los que han dado su vida por nuestra Patria. 
Luis, el mas pequeño de la clase, junto a sus compañeros ex combatientes, comienza a dejar la mas grande de las huellas, aquella que dejan los corazones generosos y que sólo ven los corazones humildes.
Como las huellas que dejaron Las Lágrimas de Getsemaní.  



(1) Con Luis Galizio, el Presidente del Centro de Veteranos, cursamos de primero a septimo grado en la Escuela Nª 18 Juan Bautista Alberdi. Hoy para mi es un honor haberle podido dar un abrazo por las palabras que anoche pronunció.