sábado, 19 de abril de 2008

Viaje a las estrellas





Te pido por un instante que, antes de continuar leyendo, mires la fotografía que ilustra esta entrada… Si ahora te pregunto: ¿qué es? ¿Cuál sería tu respuesta?
Sugiero que busques la respuesta en tu infancia – aunque yo te la daré al final de esta entrada -.
Hay muchos caminos posibles – quizás tantos como personas existen – para transitar en la búsqueda de soluciones a los problemas de violencia que cotidianamente se presentan en nuestras escuelas. Pero estimo que cuanto antes uno se ponga en camino mejor. Por eso consideramos que el problema de la violencia comienza a tratarse desde que estamos en el seno materno. Una gestación libre de violencias favorece el crecimiento de personas integralmente saludables. De allí la necesidad de vivir en la intimidad familiar este período tan especial en nuestras vidas, que son los nueve meses de gestación. Mas, no es éste período el que nos ocupa, sino queremos sólo acercar unas notas con relación a la infancia, la niñez, esos primeros años de nuestra vida que comienzan con el nacimiento, y en donde hay una actividad clave para la educación familiar y escolar: el juego.
Nuestro enfoque se puede calificar de ético pedagógico – si quieres, querido lector – pues estamos pensando en la necesidad de jugar que se inscribe en la naturaleza de la persona, y que se manifiesta – cuando se desarrolla ordenada e integralmente – en los hábitos del buen humor y una sana convivencia.
El juego mientras por un lado manifiesta algo de la específica riqueza de la persona humana, que la distingue de cualquier otro ser viviente –hablar de juego en los animales sólo se puede hacer por analogía – a la vez, nos pone frente a nuestra condición de seres limitados. Aceptar que necesitamos jugar es, en este sentido, un signo de humildad. Así como por nuestra corporeidad necesitamos del descanso físico, por nuestra espiritualidad (el alma) necesitamos del juego: el juego es algo así como reposo del alma. Y cuando el alma reposa, encuentra paz, se pacifica. En el alma reposada la violencia no encuentra posibilidades de desarrollo. Y como consecuencia de ello, se puede expandir en alegrías compartidas que potencian los hábitos de convivencia. Basta concurrir a la Plaza de Juegos de nuestro bello Parque Municipal, donde los niños juegan y los padres y mayores, reposan a su alrededor, con rostros añorantes de una infancia que se quedó en el tiempo y se actualiza con anhelo de paz, alegría y convivencia, para tener una imagen de la profundidad antropológica del juego.
Cada año, al iniciarse el ciclo lectivo le pregunto a los cursos de adolescentes, qué esperan de nuestros encuentros semanales. Siempre, en un porcentaje mayor del 70 %, aparece “que sean divertidos”, y cuando después dialogamos para entender qué quieren decir con esto, la primera explicación que se repite es “que las clases sean alegres, que estudiemos pero…que también juguemos, de vez en cuando…”. Cierto que allí podríamos detenernos a considerar lo que ésta etapa del desarrollo significa, en lo que de desprendimiento de la niñez tiene y una nueva realidad vital que se proyecta; pero les pido centremos la atención en esta observación sobre lo lúdico que manifiestan, porque no hacen mas que expresar algo de eso que está en la naturaleza humana, y que podemos enunciar así: no se aprende cuando reina el aburrimiento. Santo Tomás de Aquino en el prólogo a la Suma Teológica se refería a ésta realidad señalando el obstáculo que significa el fastidio para el aprendizaje. (1)
Así ponemos a consideración del lector esta realidad necesaria y que requiere de padres y educadores que sepamos crear las condiciones necesarias para que los niños se dilaten, se expandan en actividades lúdicas, - ¡que los niños jueguen! - ; pues la tristeza y el aburrimiento no sólo obstaculizan el aprendizaje, sino que al estrechar el alma, bloquean los hábitos de convivencia, y el ánimo – en algún momento – degenera en violencia hacia aquellos que comparten el espacio vital del que aprende.
En la creación – usamos expresamente este término para indicar que requiere creatividad, por parte de nosotros los docentes, no alcanza con llevar “la receta” que puede venir en un Manual de juegos o una revista de actividades áulicas – de esas condiciones necesarias para el juego será bueno considerar estas tres advertencias tomistas:
• Evitar lo que suponga acciones o hablar torpe o nocivo.
• No dejarse llevar sin moderación por el jugar a punto de perder la gravedad del alma. No permitir cualquier clase de juego sino la recreación honesta
• Cuidar de que sea el jugar adecuado al momento, a las circunstancias y a las personas.
En la escuela no se puede estar permanentemente jugando; tampoco se puede no jugar nunca. Una pregunta necesaria como docentes, al finalizar el año, estimo que debe ser: ¿jugué con los estudiantes este año?. Quizás cuando la respuesta comience a tener mas respuestas afirmativas que negativas, estaremos dando pasos en pos de una escuela y una sociedad donde los hechos de violencia se den menos.
Porque quizás, cuando los niños ocupen más tiempo en jugar a armar “la nave espacial” que aparece en la foto, y a llegar en ella “hasta la estrella que sale primero”, estaremos ayudando a una escuela menos violenta. (2)



(1) La presente reflexión no podría haberse iniciado sin la inestimable colaboración de L. Jean Lauand, de la Universidad de San Pablo. Brasil, quien generosamente me hizo llegar su estudio “Lo lúdico en los fundamentos de la cosmovisión de Tomás de Aquino”.
(2) Esas fueron la respuesta que dieron los niños que jugaban allí ante mis preguntas: ¿qué es esto que han construido?: ¿para que lo hicieron?