jueves, 7 de agosto de 2008

Ser docente requiere Madurez


Miguel Angel Martí García, es una valenciano, catedrático de Filosofía que desde una analítica existencial, ha publicado en la editorial Ediciones Internacionales Universitarias, de Madrid, una serie de títulos que invitan a los lectores al difícil arte de conocerse a sí mismos. Entre ellos podemos nombrar "La intimidad", "La convivencia", "La afectividad", "La sensibilidad", "El silencio", "El encuentro" y otros. La obra que ponemos hoy a consideración se ofrece con el título de "La madurez", y lleva como subtítulo "Dar a las cosas la importancia que tienen". Apareció en agosto de 1998 y en marzo de 2006 se publicó la primera reimpresión de su quinta edición, una muestra de la aceptación de las obras del autor.

Una obrita de amena lectura, "La madurez", está dividad en dos partes: en la primera, se aborda la "Dimensión intrapersonal de la madurez", en la segunda, la "Dimensión relacional de la madurez".En las 122 páginas ofrecidas al lector quizás se extraña alguna conclusión del autor, pero resultan significativos cada uno de los temas que, en una o dos páginas pone a consideración de quien se acerque a la obra. Así, a modo de ejemplos, en la primera parte uno es invitado a reflexionar sobre la autocrítica, la autoestima, la serenidad, el respeto, la responsabilidad la prudencia, el nivel de frustración, el proyecto de vida, el olvido de sí, la enfermedad , la paciencia, la capacidad de esperar, entre otros. Y en la segunda entre la apertura a los demás y la mala comunicación, se van desgranando páginas como cantos rodados que llegan a la playa y los subimos a nuestras manos para pensar sobre la solidaridad, la agresividad, el diálogo, los enfados, la dimensión ética, el quejismo, el sentido del humor, el protagonismo y otros, por lo demás interesantes.

En tiempos en que en la formación docente se carecen de espacios curriculares tendientes a pensar la propia madurez personal, puede ser una obra que ofrece la posibilidad de ser leída en pequeños intervalos de tiempo. Por ejemplo la lectura de un tema puede durar un viaje de colectivo hasta nuestro hogar.

Además ofrece interesantes observaciones sobre aspectos relevantes de la vida docente. He aquí, para cerrar, un fragmento sobre "El diálogo" en la dimensión relacional de la madurez: "...Una persona dialogante es aquella que no se aferra infantilmente a sus opiniones y confía también en la inteligencia de sus semejantes. Una persona dialogante es una persona madura...No dialoga quien no escucha y atiende a las razones del otro. Muchos diálogos en realidad son monólogos paralelos. Es necesario tener una vocación al diálogo para que éste pueda darse...La realidad es tan plural que nadie puede agotarla desde la atalaya de su propio saber. Qué razón tenía Sócrates al afirmar que "sólo sé que no sé nada". Al diálogo se llega desde la ignorancia reconocida. Quien cree que lo sabe todo no aprende nada. En cambio quien aún sabiendo reconoce todavía su ignorancia está en condiciones óptimas para salir a la escucha de los demás. Podríamos decir que dialogar es una forma de vivir...".

Ah, y a no asustarse si después de la lectura uno descubre que en realidad es una persona inmadura, en todo caso será la posibilidad de afrontar desafíos para alcanzar la madurez.