lunes, 24 de marzo de 2008

De los virus y la Vida.


¿Por qué se habrán molestado? ¿En qué se habrán sentido ofendidos? Fueron algunas de las preguntas que surgieron inmediatamente cuando algunas personas que, ocultas tras los seudónimos de SALAR, DOMUDU y otros, comenzaron a enviar comentarios a la última entrada del blog acompañados de virus informáticos de los mas variados (aquellos que han recibido el nombre de troyanos, por ejemplo; nombre por cierto que sólo se ha quedado con las apariencias de la Guerra de Troya. Ninguno de aquellos hombres de la antigüedad quedó inmortalizado por Homero ciertamente por ocultar su identidad).
Resulta significativo que una imagen como la que precede a ésta entrada haya causado tanto revuelo en algunos visitantes. En alguna medida se confirma, una vez más, aquello de que ante la Persona del Crucificado no cabe la indiferencia.
Henos aquí pues, continuando, pese a los ataques informáticos; claro que si han empezado, probablemente continúen; mas si vos, querido lector, piensas que este blog debe continuar, que puede seguir brindando algún servicio, envía tu comentario y hagamos de este espacio un lugar donde SALAR y los demás no se sientan ni heridos ni ofendidos, si es que esa ha sido la razón por la que decidieron infestar el equipo de un docente que sólo está poniendo a consideración de sus alumnos un sendero mas para el aprendizaje.
No es fácil discernir qué es lo que lleva a una persona a atacar desde las sombras; a ocultarse para dañar. Durante el siglo XX se han realizado los mas atroces y deshumanizantes experimentos para realizar éste tipo de acciones, y continúan gastándose incalculables sumas de dinero para “aprender” a interferir e intervenir en las obras de los demás a los efectos de evitar que obren libremente. Estas acciones, en alguna medida, buscan desorientar; que los demás pierdan el oriente; que no encuentren el Camino, y no avancen por Él en libertad.
Sigue siendo un gran desafío para todos los educadores ocuparse en que las nuevas generaciones crezcan en su capacidad de orientarse en la vida; sean capaces de discernir el bien del mal. Esta capacidad de discernimiento favorece la conformación de comunidades saludables.
Uno de los signos de la llamada “emergencia educativa” en la que se ve sumida la humanidad (no es un problema sólo argentino; basta recorrer los principales medios de cada país, y los informes de los organismos especializados), es precisamente el fracaso que acompaña a las acciones que se promueven casi ininterrumpidamente desde la segunda mitad del siglo pasado, sin que hasta la fecha surja con claridad que se logra formar persona sólidas, capaces de colaborar con los demás, y de dar un sentido a la propia vida. La falta de transmisión de certezas y de valores, favorece a los que obran entre las sombras y se convierten en sembradores de destrucción y muertes.
Mediante un procedimiento de propaganda, que se perfeccionó en el siglo XX en los regímenes mas totalitarios, se identifica la certeza con los fundamentalismos y se pretende formar a las futuras generaciones desde las sombras del anonimato, mediante acciones tipicamente guerreras, tendientes a evitar el discernimiento. La siembra de relativismo moral es la acción preferida por los que obran en pos del dominio de las voluntades ajenas.
En la medida que prima una forma de cultura que llevan a dudar del valor de la persona humana, del significado mismo de la verdad y del bien, en última instancia, de la bondad de la vida; en la misma medida es de esperar que crezcan las acciones anónimas. Sugiero unir esta reflexión a una entrada anterior en la que señalamos el problema de la anonimia. El cine mostró las consecuencias en películas tales como “El vengador anónimo”.

No puedo dejar de traer a reflexión unas palabras dirigidas por el actual Papa a los educadores de Roma el pasado 21 de enero: “ A diferencia de lo que sucede en el campo técnico o económico, en donde los progresos de hoy pueden sumarse a los del pasado, en el ámbito de la formación y del crecimiento moral de las personas no se da una posibilidad semejante de acumulación, pues la libertad del hombre siempre es nueva y, por tanto, cada persona y cada generación tiene que tomar nueva y personalmente sus decisiones. Incluso los valores más grandes del pasado no pueden ser simplemente heredados, tienen que ser asumidos y renovados a través de una opción personal, que con frecuencia cuesta.”Evitar el discernimiento, ensombrecer la realidad, transmitir la propia visión del hombre, del mundo y de Dios, sin abrirse a las preguntas del que aprende, ahoga la vida naciente de las nuevas generaciones.
Por eso reafirmamos que toda obra educativa requiere de la cercanía y la confianza que nacen del amor pedagógico; que éste implica donación, todo educador sabe que debe “dar algo de sí mismo y que sólo así puede ayudar a sus alumnos a superar los egoísmos para poder, a su vez, ser capaces del auténtico amor”, en palabras de Benedicto XVI. A partir de esta condición fundamental, el natural deseo de saber de los niños y adolescentes, puede encontrar en el que enseña, algo mas que nociones e informaciones, y puede encontrar la puerta abierta hacia la gran pregunta sobre la verdad, sobre esa verdad que puede ser la guía de la vida, que le puede dar sentido a su vida.Cuando se llega a ésta instancia en los encuentros educativos, todo lo oculto comienza a revelarse, aún el sufrimiento, comienza a adquirir un sentido en la vida de niños y adolescentes y comienzan a darse cuenta que la verdad es un aspecto esencial de su propia vida. Y que buscarla implica esfuerzo; y que las mas de las veces se llega a ella por el camino del sufrimiento. De allí que el docente, todo educador en realidad, no puede extremar su obra hasta proteger a los jóvenes de toda dificultad y experiencia de dolor, pues corremos el riesgo de criar, a pesar de nuestras buenas intenciones, personas frágiles y poco generosas: la capacidad de amar corresponde, de hecho, a la capacidad de sufrir, y de sufrir juntos.
La imagen del Siervo Sufriente que motivó la acción de SALAR y otros, sigue siendo por eso la mejor clase; en ella llega a su plenitud la donación de sí; no nos brinda meras nociones e informaciones, abre la puerta hacia la Verdad que da sentido a la Vida (que durante los próximos cincuenta días seguiremos celebrando especialmente); da un sentido único al sufrimiento y proyecta una esperanza en la Vida, que no será defraudada. Con un saludo Pascual a todos los visitantes los dejo, invitándoles a continuar protegiendo la vida naciente, pensando que si estamos aquí es por la obra de aquellas personas que han sido capaces de ayudarnos a llegar hasta donde estamos.