miércoles, 22 de octubre de 2008

El engaño de las caras que mienten

El 14 de noviembre de 1896 Miguel de Unamuno fechó su famoso Ensayo Iconográfico "El Caballero de la Triste Figura", que entre nosotros alcanzara amplísima difusión a través de la célebre Colección Austral que Espasa Calpe S.A. pusiera a disposición de los lectores habla hispana, en el Nª 417 de la Serie Verde de "Ensayos y Filosofía", cuya primera edición data del 18 de febrero de 1944. La obrita reúne una serie de ensayos algunos de los cuales nos alcanzan los debates de una época pasada, pero que a la vez, nos proporcionan disparadores para la reflexión serena y nos invitan - como el título de uno de los mas profundos, a mi juicio - a que nos animemos al viaje hacia nuestra interioridad. ("¡Adentro!", lo tituló Unamuno).
El ensayo sobre el Quijote, ha sido - y tal vez seguirá siéndolo - profusamente glosado, citado, comentado, discutido; hoy sólo queremos desgranar de sus párrafos algunos renglones que alcanzaron significatividad para éste lector, la primera vez que lo leyó, y que quieren ser una invitación a que - si lo encuentras algún día por allí - le dediques unos minutos de lectura...tal vez encuentres puertas abiertas a muchas horas de reflexión.

"...es Don Quijote símbolo verdadero y profundo, símbolo en toda la fuerza etimológica y tradicional del vocablo, concreción y resumen vivo de realidades, cuanto mas ideales más reales, no mero abstracto engendrado por exclusiones...
La verdad con su fuerza a un lado; a otro las menudencias y frías digresiones, las circunstancias que pintan con tan escribanesca fidelidad en sus estudios literarios los documentistas de todos los tiempos...
La fuerza de la verdad de Don Quijote está en su alma, en su alma castellana y humana, y la verdad de su figura en que refleje tal alma...
Para Don Quijote la buena filosofía era, como es natural, la suya, la castellana, el realismo que saca de las hazañas las facciones, que procede de dentro afuera, centrífugo, volitivo, el que convierte los molinos en gigantes, no mas insano que el que hace de los gigantes molinos, ni menos realismo que él, ni menos que él idealista. En fin de cuenta, ni las facciones hacen hazañas ni éstas a aquellas, como no precede el órgano a la función, ni la función al órgano, sino que todo hace a todo...
El pintor que quiera pues pintar a Don Quijote en buena filosofía quijotesca...para conseguirlo ha de descubrir el pintor su alma, siendo el medio el que inspirado por aquellas estupendas hazañas y sublime condición, desentierren de su propia alma el alma quijotesca, y si por si acaso no la llevara dentro, renuncie desde luego a la empresa, guardada para otro, teniendo en cuenta aquello que dijo el mismo Don Quijote: "Retráteme el que quisiere, pero no me maltrate, que muchas veces suele caerse la paciencia cuando la cargan de injurias" (Part. II, Cap 59)
...y como hay no pocos que viven en el error de que jamás hubo tal Don Quijote, hay que tomarse el trabajo que se tomaba él en persuadir a las gentes de que hubo caballeros andantes en el mundo...
...llegará tal vez el día en que el cuerpo mas hermoso sea el del alma mas hermosa...
...La fisonomía ES la ciencia única, base de las demás, pues sólo conocemos la fisonomía de las cosas - enseñaba Lavater - ES, no, tal vez será, pues como quiera que es el hombre tejido de contradicciones y parto de la lucha, su fisonomía, sólo en parte ¡cuán mínima a menudo! le pertenece, y no es dable conocer por su cara su alma. Hay semblantes hipócritas ¡y qué tremendas tragedias, verdaderamente esquilianas, las que engendra el engaño de las caras que mienten!...
En conclusión, hay que pintar a Don Quijote con la fuerza de su verdad y en buena filosofía quijotesca, con fe, creyendo en su inconcusa existencia real, heroica y efectiva, descubriendo por su alma su vestidura carnal, y ayudándose de los datos que nos proporciona su biógrafo Cide Hamete, varón de prodigiosa facultad visiva..."