domingo, 14 de diciembre de 2008

El aprendizaje de enseñar


En estas semanas en las que estamos finalizando el ciclo lectivo, los docentes nos procuramos de instrumentos que, analizados con más tiempo, nos sirvan para mejorar nuestras propias prácticas. A veces es una encuesta, a veces son pequeñas entrevistas informales con algunos estudiantes, a veces pedimos simplemente que nos escriban sobre algunos aspectos que consideramos significativos considerar, etc. Con esos registros, con el análisis de las propias experiencias, la consulta con otros colegas, las sugerencias de docentes con mayor experiencia y con otros insumos, el próximo ciclo lectivo nos encuentra realizando modificaciones en nuestros proyectos, tendientes a responder más acertadamente con nuestra labor educativa.
Con el tiempo, con los años, esos registros nos suelen ir mostrando algunas constantes que después son,- podríamos decir-, esperadas al finalizar cada período lectivo.
Una de las preguntas o propuestas que suelo hacer a los estudiantes del secundario es que seleccionen alguna clase que les haya resultado significativa, que les haya “gustado más”, y que, por supuesto, digan por qué. En este sentido las respuestas suelen inclinarse a destacar aquellos encuentros educativos en los que ellos mismos han podido poner de manifiesto su propia creatividad, a la vez que muestran que los contenidos estudiados les ayudan a echar luz sobre aspectos importantes de su vida.
Esto plantea un problema interesante – a mi juicio - para la formación docente y para la propia autoformación, pues nos lleva a preguntarnos: ¿es posible enseñar a ser creativo?, ¿se puede aprender a ser creativo? Es un problema por demás interesante en la enseñanza de las bellas artes, por ejemplo; pero… ¿nos animaríamos a refutar a quién sostuviera que la más bella de las artes es la educación?
Por lo pronto durante el siglo XX han surgido algunas propuestas pedagógicas que sostienen la posibilidad de sentar las bases para una vida creativa. Tal es el caso de las llamadas EPC, Escuelas de Pensamiento y Creatividad, que surgieron el siglo pasado impulsadas por el pensador español de la Orden de los Mercedarios, Pbro. Alfonso López Quintás. (1)
Conocida es la presencia en Argentina de este autor cuya figura tiene admiradores y detractores. Entre éstos últimos muchos de gran renombre como Fernando Savater quien lo critica con severidad en su Autobiografía.
De la obra “Vértigo y éxtasis”(2) ponemos a consideración de los lectores una síntesis de las que el propio López Quintás denomina: “Las líneas maestras de un método para formar en la creatividad:
1) La formación para la creatividad ha de iniciarse suscitando en los niños el deseo de realizar experiencias valiosas, extáticas…Por intuición, un niño pequeño es capaz de adivinar los valores que laten en una experiencia de éxtasis, aunque no esté en condiciones de dar razón pormenorizada y fundamentada de los mismos…
2) Resulta vano e incluso a veces contraproducente iniciar el proceso de formación en la creatividad mediante explicaciones teóricas si el niño todavía carece de la experiencia necesaria para dotar de sentido pleno a los términos utilizados…
3) Una vez que un niño ha realizado una determinada experiencia, el formador debe ayudarle a descubrir su articulación interna, sus diversas fases, la lógica que la guía, la estación término a que conduce, el sentido o el sinsentido de la misma para el desarrollo integral de la personalidad humana. Todo formador debe poseer ideas muy claras y saber discernir qué modos de experiencias incrementan la libertad y dignidad del hombre y cuáles las amenguan o anulan…Desde muy temprano ha de evitarse que los niños sospechen que su modo de obrar pende del capricho de los mayores. Esta dependencia los orientará hacia la rebelión interna…El educando no debe sentirse nunca sujeto a la voluntad del maestro sino “ob-ligado” a los valores que lo apelan. Tal “ob-ligación” va unida con la afirmación de la propia libertad. En este sentido formar es enseñar a jugar, a asumir posibilidades lúdicas…
4) Al captar la articulación interna de las experiencias que está realizando…el niño descubre con satisfacción la riqueza que alberga su existencia…
5) En este momento el formador puede dar un paso adelante: proponer la realización de experiencias más elevadas que las usuales en su vida diaria…
6) El conocimiento pormenorizado y hondo de este cúmulo de experiencias enseña a los jóvenes a pensar con rigor, a distinguir formas diversas de realidad y conocimiento. Esta capacidad les hace posible percatarse del carácter eminentemente real de los valores y de los procesos espirituales que enseñan…
7) Será creativa toda actividad que supone el entreveramiento de dos ámbitos de realidad y la fundación consiguiente de un tercer ámbito…
8) Las acciones de la vida cotidiana presentan un eminente carácter creativo cuando funda ámbitos de convivencia…
9) Se llega a un nivel superior a través de la realización de experiencias reversibles…que se dan cuando el hombre asume el riesgo inherente a la creatividad, que se da cuando está distanciado de lo real, no empastado. El riesgo estriba en convertir la distancia en alejamiento. Si la entiende como distancia de perspectiva, el hombre se une a lo real con el modo mas fecundo de unidad – la presencia – incomparablemente superior a la mera fusión…
10) La realización de experiencias creativas y el análisis de su articulación interna es tarea de la vida diaria y de la vida académica, desde el jardín de infantes hasta la universidad…”

Tal vez nos ayude a pensar mejor el problema si vos, querido lector, nos contás si en tu biografía escolar encuentras experiencias que consideras creativas, o cuáles serían a tu juicio las características de un docente creativo.

(1)Quienes deseen conocer en detalle la propuesta pueden visitar http://www.escueladepensamientoycreatividad.org/EPC/index.html y quienes deseen ampliar sobre la vida del autor pueden visitar http://www.filosofia.org/ave/001/a136.htm
(2) publicada por la Asociación para el Progreso de las Ciencias Humanas, Madrid, 1992,Cfr.pags. 310/318