jueves, 18 de octubre de 2007

¿Enseñar pertenece a la vida contemplativa o a la activa?
"...Ha de decirse que la vida contemplativa y la activa se distinguen entre sí por el fin y por la materia. Son materia de la vida activa las cosas temporales, sobre las que versa la actividad humana. Y son materia de la contemplación las razones cognoscitivas de las cosas, a las que se aplica con diligencia el contemplativo. Esta diversidad de la materia deriva de la diversidad del fin, pues, como en las demás cosas, la materia se determina en conformidad con la exigencia del fin. Pues bien, el fin de la vida contemplativa es la búsqueda de la verdad, al menos en el aspecto en que nos referimos ahora a la vida contemplativa. Digo de la verdad increada, según el grado asequible al contemplativo, a saber, imperfectamente obtenida en esta vida y en grado perfecto en la futura. Dice, por ello, Gregorio: La vida contemplativa comienza aquí y llegará a su plenitud en la patria celestial. En cambio, el fin de la activa es la actividad por la que atendemos a la utilidad del prójimo.
Por otra parte, en el acto de enseñar encontramos dos materias y, como signo de ello, el acto de enseñar lleva dos acusativos: uno, de las materias que se enseñan, y, otro, del sujeto al que se transmite la ciencia. Por lo que se refiere a la materia primera, el acto de enseñar pertenece a la vida contemplativa, mas, por la segunda, pertenece a la vida activa. Pero por parte del fin, hallamos que la enseñanza pertenece sólo a la vida activa, porque su última materia, en la que se alcanza el fin propuesto, es una materia de la vida activa. Por tanto, el enseñar pertenece mas a la vida activa que a la contemplativa, aunque, bajo algún aspecto particular, pertenezca a la contemplativa, como queda patente por lo que acabamos de decir en esta solución."
(Cf. Santo Tomás de Aquino, El Maestro, Agape Libros, Buenos Aires, pag. 151)