lunes, 22 de octubre de 2007

La escuela: puente y sal.


Con ocasión del relanzamiento de la Revista Anales de la Educación Cómun, publicación oficial de la Dirección General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires (con rango Ministerial de acuerdo a la Constitución Provincial), fui invitado por la Inspectora Jefe Distrital, y a través de un ex alumno,a decir unas palabras en el Salón Cultural de la Municipalidad de Azul. El acto se realizó unos días antes del acto eleccionario del año 2005. Estas fueron mis palabras.

"Cuando hace apenas 72 horas un ex alumno me invitó a hacer uso de la palabra en este acto, sentí el deber de aceptar, puesto que, tengo por costumbre al terminar cada ciclo lectivo, sugerirle a los alumnos que no se olviden de sus profesores, que los lleven en su corazón y que, cuando necesiten algo de ellos, no dejen de pedírselo, que allí estaremos para tenderles una mano.

En la invitación, en principio, se me pedía una reflexión acerca del concepto de educación en Argentina que nos ayudara a pensar a todos sobre la realidad educativa en el contexto de ésta convocatoria.

Claro está que sería un atrevimiento de mi parte querer hacer pensar sobre ésta realidad especificamente humana como es la educación, a quienes todos los días ejercen la apasionante obra educativa en su hogar y en nuestras escuelas. Por tanto, agradezco la invitación ya que a través de ella he vuelto a pensar la educación, y es ahora, la presencia de ustedes - Señor Intendente, Autoridades Educativas, colegas de los establecimientos de todos los niveles, alumnos y público en general - la que me ayuda a reflexionar, a re-pensar y a comunicar estos pensamientos, como quien esparce algunas semillas.

No es dable despreciar la oportunidad de pensar la educación en estos tiempos; realidad que tantas veces nos sorprende por impensada.

Los hombres y las mujeres necesitamos correr el riesgo de pensar y comunicar nuestros pensamientos para no convertirnos en personas de miradas y acciones estrechas y mezquinas. Por lo que compartiré con ustedes tres ideas, con la intención de formularme algunas preguntas, que si están bien formuladas, pueden abrir la puerta de alguna solución.

¿Qué puede significar para nosotros asistir a éste acto? ¿Implica algún riesgo pensar la educación en este contexto? Porque si pienso en el día elegido por los organizadores, en la semana elegida para la convocatoria, surge inmediatamente la connotación política de este encuentro. Connotación que, tal vez, haga que mas de uno de los presentes esté pensando mas en las consecuencias del acto eleccionario del próximo domingo que en lo que nos puede estar pasando aquí y ahora. Ahora bien: ¿es esto lo que hace de éste acto un acto político?

Estimo que no; pienso que todo acto educativo es un acto político, y mal obraríamos los educadores si reducimos el arte de la política a la práctica eleccionaria y sus connotaciones. Y peor obraríamos si dejamos la acción política sólo en las manos de los integrantes de los partidos políticos que se presentan a elecciones.

Por lo que en mi primer pensamiento quiero reafirmar que la educación es un acto político, ya que toda acción educativa, es un arte que se persigue para la consecución del Bien Común. Y quienes aquí estamos, con seguridad compartimos ésta búsqueda del Bien Común.

En este orden de ideas me propongo, y propongo a ustedes aquí presentes, que viven la cotidiana obra de educar, revalorizar la escuela como la institución social llamada a participar - después de la familia - en la generación de los políticos, las mujeres y los hombres que conducirán nuestras ciudades, nuestra provincia y nuestra Argentina para afrontar los desafíos del siglo que iniciamos.

Al respecto estimo que debemos preguntarnos: ¿tenemos vocación de engendrar en nuestras instituciones ciudadanos plenos?; ¿nos motiva el riesgo de la concepción de ciudadanos abiertos a la vida política del siglo XXI?; ¿nos dejaremos vencer por el egoísmo y la búsqueda del placer seguro, protegidos en la distribución gratuita de facilismo proponiendo a niños, adolescentes y jóvenes, una vida sin riesgos, sin sacrificios, sin la entrega y la donación al servicio del Bien Común?.

El segundo aspecto que despertó en mi alguna idea y nuevos interrogantes, se ubica en un contexto educativo microvital, por llamarlo de alguna manera. El mismo día que recibí la invitación a participar de este acto, una estudiante me avisaba que se retiraba de la clase un rato antes porque debía asistir al velorio de un ex compañero del secundario que a los 21 años, había decidido quitarse la vida. Y otra estudiante, en el mismo curso del instituto de formación docente donde trabajo, llegaba una hora tarde debido a que - según después me manifestó - estaba realizando una suplencia en una escuelita rural, y debió caminar unos cinco kilómetros para encontrar una ruta donde alguien, con generosidad se dignara a traerla hasta Azul, para poder cursar las materias de su último año.

Estos acontecimientos me ayudaron a pensar que la realidad educativa que me toca vivir personalmente, tiene que ver con los detalles, con los matices cotidianos del ser de la educación; mirada ciertamente distinta al que vive la realidad educativa desde lo sistémico. Y me parece constatar que las miradas y los enfoques desde los sistemas - educativo, político, etc. - sólo ven la realidad a gran escala, cuantificada, matematizada, y, a mi juicio, se están perdiendo que las cosas se nos manifiestan en estos detalles que nos brindan el sabor del ser.

Esta es una brecha que, la falta de la virtud política de la prudencia, está agrandando de tal forma que requiere un esfuerzo hasta el sacrificio por parte de quienes la advierten, para que la brecha no termine en un abismo infranqueable. Parece que, quienes piensan desde lo sistémico, han perdido el gusto por el ser y sus recetas siguen sin conquistar el paladar del pueblo.

La escuela en este orden, y para continuar con las imágenes que hemos elegido, está llamada a ser puente y sal.

Ser puente para acercar las orillas de las brechas sociales que se abren - sólo nos hemos referido a una de ellas - ; y ser sal, para darle sabor a una sociedad que corre el riesgo de tornarse cada día más insípida, insalobre, desabrida.

Y entonces se nos abren nuevos interrogantes: ¿estoy dispuesto a salar?; ¿estoy dispuesto a ser puente?; ¿estoy dispuesto a desaparecer, a ser disuelto, a donarme en una entrega hasta el desprendimiento?; ¿estoy dispuesto a tenderme como puente?; ¿a correr el riesgo que otros pasen sobre mí con tal que alcancen la otra orilla?.

Pienso en mi querida ciudad, en mi querida provincia, y en mi querida Argentina y veo tantos ejemplos.Seguramente también ustedes los verán a diario ...

Así pues, en primer lugar todo acto educativo es un acto político; en segundo lugar todo acto educativo requiere prudencia y degustación del ser de las cosas (sabiduría práctica, decían los antiguos). Y por último, surgió un tercer aspecto a compartir con ustedes, a través de una experiencia que no sé si podré comunicar en profundidad, porque tiene la hondura de los gestos simples.

Después de aceptar la invitación, para este acto, surgió una cierta inquietud, ¿y ahora que?; ¿dónde encuentro el tiempo para pensar en lo que voy a comunicar?; ¿con qué puedo colaborar al bien común en ese acto?. Y entonces apareció una colega en la sala de profesores, que te dá ánimo; otro que te alienta; alguien que te acerca una idea; otro que con humor desdramatiza la situación. Al respecto alguno me dijo: "¡Cómo vos que sos tan crítico de la obra de Sarmiento te vas a prestar a participar de un acto en el que se presenta la revista que él fundó! Vas a tener que ir a pedir perdón a la Plaza Juan Manuel de Rosas!". Y así se fue manifestando esa red de afectos que, quienes trabajan en la educación, conocen sobradamente.

Así, ante la experiencia de la inquietud, ante la tentación del miedo, que tantas veces intenta paralizarnos en nuestras escuelas; aparece el gesto generoso, afectuoso, del que está a tu lado y lo que sabe, lo que tiene, te lo da sin reservas.

Decía,entonces, esta nueva experiencia de los detalles del ser educativo - que en lo personal se hizo oración por la inmerecida gracia de haber sido educado en la fe - surgió esta idea de proponer que la escuela es también la institución llamada a educar en la certeza; - si, en la certeza, frente a tanto relativismo imperante - de que siempre existe alguien a nuestro lado para decirnos: ¡no tengas miedo!. Mas aún, pienso en una escuela que eduque en la certeza de que existe Alguien que nos ama.

Y entonces surgieron los últimos interrogantes: ¿estamos dispuestos a educar en esta certeza?; ¿nos seduce el éxito relativo mas que el aparente fracaso de la verdad que nos hace libres?.

Pero al llegar aquí me di cuenta que cruzaba el umbral que abre las puertas del Amor Hecho Hombre. Y así fue como la invitación recibida, y la presencia de ustedes, han logrado hacerme revivir en mi pensamiento la apasionante obra de la educación: una obra política, que como tal requiere de la degustación del ser - sabiduría práctica -, para cruzar en los brazos del Amor el umbral de la esperanza.

Tres ideas que requieren tres virtudes: prudencia, humildad y amor.Pero esto sería motivo de otra reflexión. Cuando las encuentren encarnadas en un hombre o mujer de nuestro tiempo, acompáñenlo hasta hacerlo Ministro de Educación.

Que la sonoridad coral que cierre este acto nos ayude a degustar la musicalidad del ser de la educación.

(Nota: a continuación actuó el Coro de la Escuela de Estética de Azul).-