domingo, 14 de octubre de 2007

PENSAR LA EDUCACIÓN EN AZUL

Educar es una acción buena. Mas cuando reflexionamos sobre nuestra acción educativa, cuando nuestra mirada se vuelca, se vuelve, sobre nuestra nuestra acción personal como educadores - como docentes, como padres, etc. - , sin perder de vista la perspectiva del bien, inevitablemente surge el interrogante acerca de si en esa labor ¿no he hecho algo mal?. Mas aún, somos conscientes de nuestra limitación humana y la pregunta se hace mas directa: ¿qué hice mal?. En algún momento éste interrogante se nos presenta. En especial cuando los destinatarios de nuestra acción educativa nos devuelven una imagen muy alejada, muy distinta, de la que nos habíamos propuesto educir con nuestro acto educativo. Vaya un sólo ejemplo: ser padres o educadores de un joven que es capaz de asesinar a otro, o robar, o violentar la persona de un semejante.
¿Puede formularse de otra manera ese interrogante? ¿Existe la posibilidad de una conversión de la cuestión? Tal vez sea esta: ¿qué bien ha estado ausente en mi acción educativa?; ¿qué he debido hacer de bueno y no he hecho?; ¿que bien he hecho de manera insuficiente?.
Al respecto propongo a consideración el fragmento de una reflexión con la que Juan Pablo II comienza un bello texto que publicó la editorial Planeta en el año 2005, "Memoria e identidad". Dice allí , pag. 14. :
"...El mal es siempre la ausencia de un bien que un determinado ser debería tener, es una carencia. Pero nunca es ausencia absoluta de bien. Cómo nazca y se desarrolle el mal en el terreno sano del bien, es un misterio. También es una incógnita esa parte de bien que el mal no ha conseguido destruir y que se difunde a pesar del mal, creciendo incluso en el mismo suelo. Surge de inmediato la referencia a la parábola evangélica del trigo y la cizaña(cf. Mt. 13, 24-30). Cuando los siervos preguntan al dueño "Quieres que vayamos a arrancarla", él contesta de manera muy significativa: "No, que podrías arrancar también el trigo. Déjenlos crecer juntos hasta la cosecha, y cuando llegue la siega diré a los segadores: arranquen primero la cizaña y átenla en gavillas para quemarla, y el trigo almacénenlo en mi granero" (Mt. 13,29-30). En este caso la mención de la cosecha alude a la fase final de la historia, la escatológica.
Se puede tomar esta parábola como clave para comprender toda la historia del hombre. En las diversas épocas y en distintos sentidos, el "trigo" crece junto a la "cizaña" y la "cizaña" junto al "trigo". La historia de la humanidad es una "trama" de la coexistencia entre el bien y el mal. Esto significa que si el mal existe al lado del bien, el bien, no obstante, persiste al lado del mal y, por decirlo así, crece en el mismo terreno, que es la naturaleza humana. En efecto, ésta no quedó destruída, no se volvió totalmente mala a pesar del pecado original. Ha conservado una capacidad para el bien, como lo demuestran las vicisitudes que se han producido en los diversos períodos de la historia"
Entonces pienso que los grandes educadores que conozco en Azul y desde Azul, son aquellas personas que han sido y son capaces de desarrollar, de abrir las puertas y ventanas para que, esas capacidades para el bien que existe en los destinatarios de su acto educativo, se perfeccionen, se orienten hacia su plenitud. Aquellos que logran que lo que se ha conservado de bueno se descubra a la vista de los demás, se ponga al servicio del bien común de la comunidad, amanezca iluminando la llanura bonaerense, para que todos tengan vida y la tengan en abundancia.-