sábado, 10 de noviembre de 2007

Ceferino Manuel Namuncurá





Las personas y los pueblos tenemos necesidad de identidad. Así como cada mujer y cada varón necesita forjar la personalidad, cada pueblo necesita forjar la cultura que lo identifica y lo distingue. Tanto en el orden personal como en el orden popular, los arquetipos, los modelos , son esenciales, constituyen la médula de las identidades históricas, muestran el rumbo, cautivan voluntades, abren las inteligencias a la luz verdadera, y por su presencia obligan al compromiso de fidelidad renovada.

Los arquetipos son siempre un principio normativo (arche=principio; typos=norma), que actualizan una potencia atractiva a la que no le afecta el paso del tiempo ni la condiciona el espacio, pues sus acciones, sus conductas, sus obras, adquieren una originalidad inmutable y permanente. Resisten a las opiniones de los intelectuales maleables y a los voluntarismos exitistas.

Hoy sobre el suelo de la Patagonia Argentina sopla un Viento Nuevo y hace volar un poncho, sobre los hombros de un jóven de 19 años llamado a ser protagonista de pautas identificatorias para las personas de la comunidad argentina - especialmente los jóvenes- y para el pueblo argentino que busca elevarse, que busca lo superior, que busca la unidad en la verdad, para desprenderse de las trivialidades y superficialidades agobiantes, y aferrarse a los bienes imperecederos que se muestran a personas y pueblos que se atreven a conquistarlos.

Ceferino Manuel Namuncurá es beatificado este 11 de noviembre de 2007.Después que los Argentinos terminamos de celebrar el día de la Tradición le abrimos la puerta al Sol de la Beatificación del Lirio de las Pampas. Ceferino nació el 26 de agosto de 1886 en Chimpay, a orillas del río Negro, departamento de Choele—Choel, provincia de Río Negro, en la República Argentina, y en su tierra natal es beatificado. Su padre fue el cacique Manuel Namuncurá y su madre fue Rosario Burgos, nacida en Chile. Su madre lleva el mismo apellido del fundador de nuestra ciudad de Azul, el Coronel Don Pedro Burgos.

Ceferino,uno de los menores de los doce hijos del cacique, fue bautizado por el misionero salesiano Domingo Milanesio, llamado "el apóstol de los aborígenes" el 24 de diciembre de 1888, en una de sus misiones apostólicas por el río Negro, en Chimpay, a donde el cacique Namuncurá se había retirado después de haberse rendido al General Roca el 5 de mayo de 1884. Aludiendo al bautismo de Ceferino, escribe Manuel Gálvez: “...ese 24 de diciembre será un día glorioso para las pampas, para los indios y para la Patria Argentina. Porque ese día queda marcado como cristiano, como hijo de Cristo, el más maravilloso y perfecto de los cristianos que ha habido en estas tierras”.

Tiempo después, siendo alumno del colegio salesiano “Pío IX’ de Buenos Aires, recibe el Sacramento de la Confirmación en la iglesia parroquial de San Carlos, el 5 de noviembre de 1899 de manos de Monseñor Gregorio Romero.

En la persona joven de aquel varón de virtudes originarias, la gracia sacramental forjó la personalidad arquetípica, que trasunta la mirada de los retratos que nos han quedado. La profundidad de su mirar con hondura la realidad de su pueblo que le quedaba distante, redime su corazón dolorido con el sufrimiento corporal que ofrecido en cruz, se manifiesta en la serena y sobrenatural esperanza de los labios que guardan, en el silencio orante, las palabras que se manifiestan en sus obras. No hay desorden en el rostro serenamente serio que conserva el color y el brillo de la piel curtida por el viento patagónico, que ya es espejo para el pueblo argentino.

Ceferino:Maestro de virtudes originarias, humilde servidor que desde el dolor del despojo te nos ofreces para devolvernos el rostro de lo que debemos ser para no ser nada, vos que bebiste en la fuente de la educación del Padre Don Bosco, sé para todos los educadores de Azul arquetipo en el que encontremos el patrimonio cultural heredado que debemos acrecentar para las generaciones que nos sucedan.