sábado, 24 de mayo de 2008

Educar en el patriotismo

¿Voy a la Plaza el 25 de Mayo? Esta es la pregunta que todo educador ha de hacerse hoy en Argentina. Quienes sostenemos que es necesario educar en las virtudes a las generaciones más jóvenes nos preguntamos en estos días si lo estamos haciendo bien respecto de una virtud que se llama patriotismo.
¿Cómo nos damos cuenta si con nuestros hijos, con los estudiantes, en fin, con los destinatarios de nuestra acción educadora, estamos creciendo en la virtud del patriotismo? Esto se ve. Así literalmente, se ve (y con los demás sentidos se podría decir, se escucha, se gusta, se palpa, se aspira) :
1ª Si reconocemos cada vez más lo que la patria nos ha dado y nos da.
2ª Si, - a la vez - , nosotros le damos – propiamente hablando decimos: le tributamos – el respeto, el honor, el servicio que le debemos, defendiendo y acrecentando el patrimonio cultural recibido; y
3ª Si, además, consideramos – a la vez – como propio de los patriotas de otros países, hacer lo mismo con su patrimonio cultural.
Respecto de lo primero, no se puede reconocer, lo que primero no se conoce. De allí la necesidad de conocer lo que la patria nos ha dado. Esto se aprende desde el seno materno. Es bueno que las madres hagan escuchar al hijo que llevan en su seno la música de su suelo natal; que le hablen con la riqueza de su propio idioma. Desde ese instante hasta el último día de nuestra existencia en este mundo vamos conociendo lo que se nos ha dado. La palabra y recuerdos de los abuelos cumple un papel insustituible, en este orden, o – en su ausencia – el de los tíos mayores, o acaso aquellos vecinos mayores del barrio que nos narran historias del pasado.
Entrados ya a la educación sistemática, la educación inicial y primaria ha de ayudarnos a conocer lo que la patria nos ha dado. Esta etapa ha de producir la consolidación de ese primer modo de amor a la Patria que se llama el “Amor afectivo”. Lo que, en principio, puede denominarse el sentimiento de Amor a la Patria. Se ha de ir complementando así esa educación de la afectividad necesaria para el ejercicio de las virtudes. Es saludable ver como en muchos establecimientos educativos se promueven iniciativas en este orden: enseñan la música, la poesía, las comidas, las vestimentas, los perfumes de las flores de los paisajes que nos han sido dados. A la vez que comunican a los mas pequeños la vida de las personas que han hecho y hacen posible que todo aquello nos haya sido dado.
Es también en esta primera etapa de la educación formal donde hay que hacer ver lo que la patria nos da: visitar lo que en cada lugar forma parte del patrimonio cultural; hacer conocer las instituciones en las que se sostiene la unidad de la Patria, que conozcan los edificios donde cumplen sus funciones las autoridades de la ciudad; los espacios públicos y su función social; participando desde allí en la resignificación de los símbolos patrios como algo que nos remite a una realidad que no se ve: el alma de la Patria…
¡Cuántos ejemplos de actividades a realizar con niños y niñas se me ocurren! Pero no puedo cansar…
¿Y con adolescentes? ¿Cómo educar en este Amor Afectivo a la Patria? Ha de formar parte de una educación para el Amor integral. Acá donde el sentido crítico comienza a manifestarse en esa tendencia de ir buscando la afirmación del propio “lugar en el mundo”; etapa donde la personalidad busca tomar distancia de las dependencias naturales de nuestros primeros años de vida; y donde la otra tendencia – el impulso sexual – gana en presencia cotidiana; en esta época – proponemos – el Amor Afectivo a la Patria ha de ser mas propuesto al descubrimiento. Han de crearse situaciones, promoverse posibilidades de encuentro con lo que han recibido con vistas a lo que pueden llegar a ser. Acá el patrimonio cultural heredado ha de presentarse como pleno de potencialidades de realización que esperan el aporte de adolescentes y jóvenes para realizarse. Puesto a ejemplificar, se pueden volver a visitar aquellos lugares que visitamos en la niñez donde están las autoridades de la ciudad, pero ahora hay que preparar la visita con cuestiones que nos ayuden a la crítica y con propuestas de cambio, de mejora. Ahora es la etapa donde comienza de manera incipiente un ejercicio de la ciudadanía que ha de manifestarse en acciones solidarias; hay que lograr que adolescentes y jóvenes intervengan los lugares y tiempos con sus propuestas de solución; y que creen nuevos espacios y tiempos de expresión. Pero, sobre todo, es el momento propicio para salir del propio lugar hacia la extensión geográfica. Es la etapa de expandir el solar natal, la tierra natal, de proyectar viajes y encuentros con otras de las tantas realidades de las variadas que conforman el patrimonio cultural.
Ese Amor Afectivo – el primero – ha de manifestarse en obras, y la escuela debe abrir espacios donde esas obras se manifiesten, se muestren a la comunidad, donde los adolescentes y jóvenes pueden atreverse a pensar la Patria; porque si ellos pueden mostrar sus obras los niños podrán seguir viendo la Patria.
Quizás, con el tiempo, alguno de ellos podrá ser poeta y escribir algo semejante a lo que nos legó Leopoldo Marechal:


“Yo vi la Patria en el amanecer
que abrían los reseros con la llave
mugiente de sus tropas.
Lo vi en el mediodía tostado como un pan,
entre los domadores que soltaban y ataban
el nudo de la furia en sus potrillos.
Lo vi junto a los pozos del agua o del amor,
¡niña, y trazando el orden de sus juegos!
Y la vi en el regazo de las noches australes,
dormida y con los pechos no brotados aún…”(1)

Quedan para próximas entradas los otros dos aspectos señalados al principio. Mas entendemos que en la medida que podamos ir dando estos pasos, avanzaremos en el Amor Efectivo y en el Amor Crítico a la Patria. Sólo entonces unos pocos se abrazarán al Amor Dolorido de la Patria para sostenerla en el concierto de las naciones.


(1) Heptamerón, “La patriótica”, I Descubrimiento de la Patria 6.