sábado, 17 de mayo de 2008

Hojas de otoño


Se acercan las fiestas mayas. Las galerías y salones de nuestras escuelas comienzan a ser intervenidas con variadas propuestas celestes y blancas. Los docentes a cargos de los actos empiezan a transitar el difícil equilibrio entre el protocolo prescripto y una propuesta "que motive" a los participantes. En estas celebraciones, la escuela abre sus puertas para que se acerque la familia a ver "tomar parte" a los mas pequeños y para "acompañar" a los adolescentes en los festejos que se llevan a cabo para rememorar la epopeya de nuestro primer gobierno patrio. Veo saludable que también, paulatinamente, se avanza en propuestas donde los asistentes participan no sólo como meros espectadores, sino como personas que se involucran en rememorar el pasado para darle significatividad y sentido al presente, y proyectarse en nuevos encuentros ciudadanos. A veces me pregunto si no habrá llegado el momento de que alguna comunidad educativa salga al barrio a celebrar en calles y plazas el 25 de Mayo. O que dos o tres comunidades educativas acuerden celebrar juntas el 25 de Mayo...



Cuando veo a los adolescentes y jóvenes llegar con cara de "otro acto para que nos digan lo mismo" y se ubican en los bancos dispuestos para ser meros expectadores, suelo pensar en el enorme poder, en la fuerza y vitalidad infinitas que anidan en esos corazones; en el potencial humano que anida en su interior; en su sangre que circula por las venas con la fuerza de la vida joven y que nosotros los docentes - a veces - insistimos en "sentar a mirar". A veces pienso que Dios al vernos podría preguntarnos: "Les he dado la vida, les regalo esta juventud; he creado tantos niños, jóvenes y adolescentes, para que ustedes los sienten a mirar...". Probablemente nos recordaría: "A ustedes, docentes, los he llamado a ser creativos: transformen y modifiquen el curso de los acontecimientos...como hicieron los hombres de Mayo..."



Ésta es quizás una de las demandas que mas nos hacen a los docentes y, probablemente, sea necesario salir a mostrar la creatividad.



Cuando salimos atentos a todo lo creado, descubrimos que todo lo que es, sigue siendo creado ahora mismo; si el Creador dejara de pensar por un minuto en su creación todo dejaría de existir, si dejara de amar el mundo que creó, en un instante dejaría de ser. Es evidente que nosotros no tenemos ese poder, de sostener la realidad con nuestra voluntad, de hacer que por un acto de amor las cosas sean como deseamos que sean. Pero podemos participar mediante la creatividad en querer, en realizar cosas que, tengan la capacidad de configurar y hacer nuevas las realidades; combinando elementos ya existentes somos capaces de originar algo que antes no existía.



Porque de esta creatividad participamos todas las personas, a los docentes - estimo - nos compete la tarea de lograr que esa "chispa" que es la inteligencia de los jóvenes, encuentre "los materiales adecuados" para producir un buen fuego que le dé a las demás generaciones el calor para afrontar estos primeros fríos del otoño. Para ello es necesario que el joven encuentre dos posibilidades de exploración que están tan intimamente unidas, que no se da una sin la otra: debe ser capaz de buscar en su interior, por un lado, y por otro, buscar en el mundo exterior. En general nuestros establecimientos educativos no están preparados ni para lo uno ni para lo otro. Aquellos que lo logran, promueven propuestas de creatividad para celebrar las fiestas mayas.



El ejercicio de la creatividad es una manifestación de la espiritualidad de las personas y como tal perfecciona - educa - tanto al que la ejerce como a los destinatarios de la acción creativa. Por eso cuando un docente creativo se encuentra con jóvenes y adolescentes creativos renuevan una comunidad educativa.



La creatividad, cuando se manifiesta, es indicio de que hay un joven o de que hay almas jóvenes. Porque la juventud es el momento de la vida en el que todas las personas son capaces de arrojarse a la aventura de lo nuevo, de lo inédito, de lo que sorprende gratamente. Por eso, tal vez, a un Quijote, a un Martín Fierro, los pienso de alma jóven... Son capaces de unir diversas generaciones.



Cuando las personas logramos comprometernos en tareas creativas, en las que todos podemos llegar a considerar algo como propio; cuando en los actos hay algo que nos afecta por dentro y se convierte en impulso para manifestarse en obras, se consigue una forma elevada de unidad en el que se superan las rupturas generacionales.



Las fiestas mayas siempre son una invitación a crear formas elevadas de unidad, donde el vértigo de la ambición de poder, ceda, para dar lugar a las posibilidades de encuentro que nos liberen de las dependencias recurrentes a las que nos tienen acostumbrados los intereses mezquinos. Los hombres de mayo nos siguen mostrando que la posibilidad de la convivencia se concretiza en la medida que, los que piensan distinto, se encuentran en ideales estratégicos que superan - sin desconocerlos - los meros intereses económicos.



Al fin de cuentas cuando nuestro peregrinar por este mundo culmine, todos hemos de pasar por la experiencia de las hojas del otoño y nos daremos cuenta que el dorado - el color del oro - es apenas algo tan efímero y pasajero, que - como esas hojas de otoño - culmina en el suelo. En cambio los hombres de mayo nos siguen mostrando que nuestro peregrinar en este mundo tiene sentido en tanto y en cuanto los colores del cielo signifiquen un lugar de encuentro para todos los argentinos.